Era nuestro primer día de residencia, y juntas comenzamos nuestra
última etapa, a tan poco de cumplir nuestro sueño y ser lo que tanto anhelamos:
“Ser Maestra Jardinera”.
Y allí estábamos, en el Jardín Maternal San Agustín, con
nervios, entusiasmo y ansiedad, preparadas para dar mucho amor y todo de
nosotras.
Ingresamos a la sala, y fuimos observados con esos ojitos
atentos, llenos de brillo, inocencia y curiosidad, los niños de sala mixta
(lactantes y deambuladores). Todos ocupando sus carritos, cunas y otros
caminando disfrutando el espacio disponible, con sus chupetes y baberos. No
dudamos por un segundo en acercarnos a ellos, y fue así que comenzamos
ese camino de muchas alegrías que nos da esta hermosa carrera.
En pocos días logramos ganarnos su cariño y, así, conocer sus
gustos e intereses.
Nos propusimos presentarles materiales novedosos y llamativos,
lo que no había en la sala, y así comenzamos a llamar su atención con los
títeres, que los pudimos usar seguido sin problemas. Todos alrededor nuestro,
observando los movimientos y escuchando las canciones que cantábamos con los
muñecos. Ellos solo estaban mirando, riendo y queriendo tocarlos, entonces se
los acercamos y cada uno recibió un beso. Los niños pudieron tocarlos,
acariciarlos, y hasta abrazarlos,
pudieron expresar sus sentimientos, imitando casi lo que hacíamos.
Luego utilizamos la música, se les notaba la felicidad al ver
que preparábamos el grabador. Disfrutaban mucho de las canciones infantiles, y más cuando bailábamos junto a ellos, bailábamos
en parejas y solos, hacíamos rondas con los que caminaban y a los más pequeños
los acercábamos con el carrito para disfrutar, a algunos los sentábamos en una
alfombra, de allí observaban todo los movimientos. A esto le agregamos
materiales en diferentes días: maracas, pañuelos, porras y demás objetos
sonoros. Podíamos sacudirlos, compartir e imitar a las maestras y compañeros.
Expresaron a través del cuerpo gestos, destrezas, sentimientos, etc, y lo mas
importantes es que compartieron en cada momento.
Todo fue hecho con amor para ellos, por eso cada una de
nuestras actividades fueron creadas con compromiso y dedicación, organizamos
los espacios de modo tal de fomentar y propiciar un ambiente para desarrollar
todas sus potencialidades motrices, sociales, perceptivas, etc. Pero lo más
importante es que el clima fue creado por ellos, los más pequeños, por el
entusiasmo que pusieron día a día en cada propuesta.
Nuestro paso por el jardín fue como caminar sobre un arco iris
lleno de felicidad, y nos dejo el
mejor regalo que toda maestra jardinera puede recibir, “el cariño más sincero”
que nos alienta a seguir en esta tarea tan noble y delicada como es la de
educar a los mas pequeños.
