lunes, 4 de noviembre de 2013

Nuestra pequeña GRAN anécdota...

Era nuestro primer día de residencia, y juntas comenzamos nuestra última etapa, a tan poco de cumplir nuestro sueño y ser lo que tanto anhelamos: “Ser Maestra Jardinera”.
Y allí estábamos, en el Jardín Maternal San Agustín, con nervios, entusiasmo y ansiedad, preparadas para dar mucho amor y todo de nosotras.
Ingresamos a la sala, y fuimos observados con esos ojitos atentos, llenos de brillo, inocencia y curiosidad, los niños de sala mixta (lactantes y deambuladores). Todos ocupando sus carritos, cunas y otros caminando disfrutando el espacio disponible, con sus chupetes y baberos. No dudamos por un segundo en acercarnos a ellos, y fue así  que  comenzamos ese camino de muchas alegrías que nos da esta hermosa carrera.
En pocos días logramos ganarnos su cariño y, así, conocer sus gustos e intereses.
Nos propusimos presentarles  materiales novedosos y llamativos, lo que no había en la sala, y así comenzamos a llamar su atención con los títeres, que los pudimos usar seguido sin problemas. Todos alrededor nuestro, observando los movimientos y escuchando las canciones que cantábamos con los muñecos. Ellos solo estaban mirando, riendo y queriendo tocarlos, entonces se los acercamos y cada uno recibió un beso. Los niños pudieron tocarlos, acariciarlos,  y hasta abrazarlos, pudieron expresar sus sentimientos, imitando casi lo que hacíamos.
Luego utilizamos la música, se les notaba la felicidad al ver que preparábamos el grabador. Disfrutaban mucho de las canciones infantiles,  y más cuando bailábamos junto a ellos, bailábamos en parejas y solos, hacíamos rondas con los que caminaban y a los más pequeños los acercábamos con el carrito para disfrutar, a algunos los sentábamos en una alfombra, de allí observaban todo los movimientos. A esto le agregamos materiales en diferentes días: maracas, pañuelos, porras y demás objetos sonoros. Podíamos sacudirlos, compartir e imitar a las maestras y compañeros. Expresaron a través del cuerpo gestos, destrezas, sentimientos, etc, y lo mas importantes es que compartieron en cada momento.
Todo fue hecho con amor para ellos, por eso cada una de nuestras actividades fueron creadas con compromiso y dedicación, organizamos los espacios de modo tal de fomentar y propiciar un ambiente para desarrollar todas sus potencialidades motrices, sociales, perceptivas, etc. Pero lo más importante es que el clima fue creado por ellos, los más pequeños, por el entusiasmo que pusieron día a día en cada propuesta.
Nuestro paso por el jardín fue como caminar sobre un arco iris lleno de felicidad, y nos dejo el mejor regalo que toda maestra jardinera puede recibir, “el cariño más sincero” que nos alienta a seguir en esta tarea tan noble y delicada como es la de educar a los mas pequeños.


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